La Ley del Revólver
Antes que Trump intente ejecutar una nueva intervención militar, ahora en México, nosotros, los mexicanos debemos tomar las calles, citar a los escasos legisladores de la oposición, protestar en las cámaras empresariales de industria, comunicación, construcción y comercio, entre otras más, sin olvidar a las organizaciones sindicales, a las estaciones valientes de radio y televisión, a los domicilios de medios escritos para impedir la reforma a las leyes electorales que eternizarían la catastrófica presencia de la 4T en lo que todavía podemos disfrutar de las instituciones republicanas.
¡Defendamos lo nuestro, antes que Trump venga a imponer su ley y a colocarnos frente a un espejo en el que no queremos ni nos merecemos vernos reflejados…!
Trump no tendría que intervenir en nuestro país por medio de una invasión armada. Bastaría con suspender por unos días las ventas de gas y gasolinas para paralizar a la nación… Washington ha advertido que Sheinbaum “es una buena mujer”, pero que los carteles, “son los que gobiernan”. Al jefe de la Casa Blanca le tendría sin cuidado la penetración brutal del crimen organizado, si no fuera porque el fentanilo, elaborado principalmente en nuestro país, priva de la vida a casi 100,000 norteamericanos al año. Las leyes patrióticas (patriotic laws) permitirían a Trump invadir México ante la amenaza de su salud doméstica a manos de unos carteles terroristas...
La desaparición del Estado de Derecho en México, la ausencia de certeza jurídica, la parálisis de las inversiones y del crecimiento económico, provocará la contracción del empleo, el disparo de la informalidad, el desplome de la recaudación tributaria, aumentará la incapacidad del “gobierno” para enfrentar sus crecientes obligaciones derivadas de la inmensa deuda pública, complicará el elevado pago de las pensiones, de los escandalosos intereses de Pemex, de los sueldos y salarios burocráticos, e impedirá el financiamiento de los programas asistenciales destinados a comprar la voluntad electoral de los sectores marginados, para ya ni hablar de los proyectos de infraestructura, entre otros más.
Si las agencias calificadoras declararan nuestra insolvencia financiera, los fondos internacionales retirarían de inmediato sus inversiones, decisión que propiciaría una devaluación monetaria de incalculables proporciones.
Si México es el principal socio comercial de EU, el primer comprador de sus productos, y millones de norteamericanos trabajan para surtir los pedidos mexicanos, una brutal depreciación del peso podría originar desempleo en el mercado laboral yanqui, un problema, no menor, que afectaría los resultados de las elecciones intermedias de EU, lo anterior, sin considerar los efectos en las próximas negociaciones del T-MEC. En lo que hace a Maduro, la principal preocupación de Trump consistía en que las exportaciones petroleras encubiertas de Venezuela no ayudaran a sus adversarios económicos, quienes las adquirían en divisas distintas al dólar, sí, pero, en lo relativo a México, alarma el desplome de nuestra economía y la incontenible penetración del crimen organizado en las diferentes esferas del país, un conjunto siniestro que podría traducirse en otra pesadilla para EU: ¡La migración masiva e incontrolable! De Venezuela ya huyeron 8 millones personas, de los cuales solo 800,000 se desplazaron a Estados Unidos. Si de nuestra catástrofe política continuara la financiera y una cuarta parte de los mexicanos, o sean 30 millones o los que se deseen, escaparan de la dictadura morenista, éstos emigrarían, desde luego, rumbo a la frontera norte, sin que nada ni nadie pudiera contenerlos por medio de cientos de túneles.
¿Conclusión? A Trump si debe preocuparle la desaparición de los poderes públicos en México, así como la ausencia de certeza jurídica porque, entre otras razones, paraliza el desarrollo económico y facilita la expansión del crimen organizado en el país. A los mexicanos nos corresponde rescatar el patrimonio político heredado de nuestros abuelos, volver a imponer el orden, antes de que Trump, para nuestra vergüenza y ante nuestra pasividad e indolencia, también nos aplique la Ley del Revolver, salvo que volvamos a instalar el Estado de Derecho, la división de poderes y, por ende, la democracia y la civilidad. Es el turno de todos nosotros, los defensores de la libertad y del progreso en México.